18 agosto, 2014

El porqué de mi futura profesión

Estoy harta de escuchar que "Periodismo" no es una carrera ni profesión digna; harta de escuchar que no tiene ninguna salida y que voy a perder el tiempo estudiando dicho grado. Todo adulto que conozco ha puesto la misma cara al confesar que lo que de verdad quiero ser es periodista. ¿Por qué? Porque supuestamente se preocupan por mí y quieren que tenga un buen futuro. ¿Es que estudiar esta carrera no lo es?

Bien, sé que en parte tienen razón; que el mundo del periodismo no es moco de pavo, y que hay que currárselo mucho para conseguir un buen puesto (y algunas veces solo depende de que tengas suerte). Es cierto. Lo que no es cierto es que sea una pérdida de tiempo.

Remontémonos hasta hace unos años. Miles de historias eran contadas objetivamente por periodistas que viajaban a diversos lugares del mundo para informar sobre los sucesos y la actualidad. Pero, ¿ahora? ¿Qué ha ocurrido? Lo único que podemos ver en la tele es tan sólo deporte. Deporte, y más deporte; triunfos futbolísticos que realmente no nos incumben, y que camuflan la triste realidad en la que vivimos. Política, corrupción, fraudes fiscales... Todo se basa en ello. ¿No nos damos cuenta? Nos están manipulando, los medios de comunicación nos controlan. Eso no está bien, no podemos dejar que lo hagan. ¿Acaso no notáis que algo está mal en esta sociedad? Emiten lo que quieren que veamos, nos hacen creer lo que quieren que creamos, nos informan por conveniencia y no por objetivo, nos imparten mandatos que nosotros acatamos, nos imponen cánones de belleza inalcanzables que todos soñamos con poseer (llegando incluso a extremos impensables)... ¿Estamos locos?

Es por eso que quiero estudiar periodismo. Para mostrar la realidad tal y como es, no como nos la cuentan. Dejar de mentir a los espectadores que cada día encienden su televisor y son absorbidos por estos medios, que clasifican la información según les conviene y eliminan aquello que "pueda suponer un peligro". Tenemos miedo de decir lo que pensamos, nuestra propia libertad de expresión nos la están quitando. Pero lo que ellos no saben es que yo, como muchos otros, sé que ellos también tienen miedo: miedo de que estalle una revolución (en todos los sentidos). Pero yo no lo tengo, sé que soy fuerte. Y por eso no me importa si tengo que arriesgar mi propia vida en guerras sin sentido, provocadas por la avaricia del ser humano en estos casos; no, yo voy a estar ahí para cambiar las cosas: ese es mi objetivo. Me da igual que vosotros, "personas" a las que los medios han lavado el cerebro y hecho creer en argumentos camuflados con mentiras, me desaniméis e intentéis cambiar de opinión; yo voy a ser periodista. Y voy a luchar por mis ideales.

13 agosto, 2014

Perdida entre palabras

Hacía tiempo que no publicaba nada en este blog, y hoy he decidido hacerlo. Una entrada sin sentido ni mensaje que transmitir, escrita por el mero hecho de escribir (sí, he repetido palabras). Me encuentro perdida. Pero no perdida en la vida, pues en ella he puesto un poco más de orden; sino en la escritura y la literatura. Justo hace unos minutos, he rescatado del baúl de los recuerdos una novela que comencé meses atrás. He leído el prólogo, y me he emocionado. Sí, me he emocionado con obras de mi propia cosecha. Ha sido triste ver lo bien que escribía antes, y lo mucho que lo hacía; y darme cuenta de que todo ese talento no lo encuentro ahora mismo por ninguna parte. ¿Dónde estás, inspiración? Sí es cierto que poesía me ha dado por crear, pero no muy a menudo; y también es verdad que de vez en cuando relato hechos triviales con un lenguaje un poco más cultivado. Pero nada de ello es suficiente, y es frustrante. Siento cómo si aquello que "se me da bien" no estuviera del todo aprovechado, y me veo más desastre de lo que soy. Así que, de ahora en adelante, me comprometo a ir escribiendo un poco cada semana, y volver a ser lo que era. Porque de verdad, la literatura es lo más bonito del mundo; pero sólo aquellos que lleven un poeta, escritor, o lector en su interior pueden comprender la validez de estas palabras.

18 enero, 2014

"Momo"


     El libro de mi infancia (y, sin lugar a dudas, mi favorito). Sí, a pesar de que esta novela tiene un argumento bastante complejo para la mente inocente de una chica de unos once años, fue por aquella época cuando me lo leí por primera vez. En años posteriores me lo releí un par de veces más; pero no fue hasta hace poco menos de dos meses cuando le dí otro repaso y pude comprender todo lo que Michael Ende nos quiso enseñar con este gran libro de su cosecha.

    Momo: la chica solitaria, sin allegados, que vive bajo el anfiteatro. Momo: soñadora, rebosante de imaginación. Momo: alegre, risueña, inocente. Momo: amiga de todos. ¡Quién fuera tan feliz como ella! Esta novela nos narra la historia de la pequeña, cuya vida se ve interrumpida por la misteriosa y espeluznante aparición de los hombres grises, que invaden la ciudad, absorbiendo a los adultos (y a los no tan adultos); convirtiéndolos en seres sin ilusiones, mecánicos, que viven por y para trabajar y ser prácticos; dejando de lado sus pequeños quehaceres diarios, sus pasiones, y todo aquello que hace del día a día algo bonito.

    Pero... ¿Es ésta novela una simple narración, o encierra un significado más profundo en cada una de sus páginas? Su escritor, el gran Ende, nos hace ver a través de esta historia "ficticia" (¿realmente lo es?) cómo el tiempo es el bien más preciado que poseemos, y que debemos cuidarlo y aprovecharlo; pero no significando ésto el tener que olvidar los propios placeres que nos hacen ser verdaderamente felices. Podemos observar como, con el transcurso de la historia, todos y cada uno de los personajes se van convirtiendo en personas cada vez más tristes, pues ya nunca tienen tiempo para hacer lo que realmente les gusta, y es esa ambición y obsesión por aprovechar el tiempo lo que les impide disfrutar de la vida.

    A mi parecer, el libro en sí es una gran metáfora; que no expresa más que el reflejo de una sociedad que vive por y para el provecho de su existencia, de sí mismos, dejando a un lado las pequeñas acciones que contribuyen a la felicidad individual. ¿No es esta situación la presente actualmente? En mi opinión, el autor quería hacernos ver cómo el ansia por ser prácticos y seres útiles y funcionales, no ocasiona más que la propia destrucción de la felicidad. ¿Dónde queda, pues, el placer de un lector al sumergirse en las páginas de su libro favorito, el de un pintor al dibujar en un lienzo...? ¿Es eso tiempo perdido, o es el tiempo mejor empleado? Estas son, básicamente, las cuestiones que se nos plantean en la novela de Ende.

    Es, por tanto, una ilustre moraleja la que se nos enseña en esta lectura juvenil (y no tan juvenil), base para nuestras vidas: el no dejarnos absorber o engatusar por la codicia, la ambición, la fama, el materialismo... Y seguir realizando las acciones que, por muy pequeñas e insignificantes que resulten, nos hacen felices; siendo escuchados y sabiendo escuchar; compartiendo nuestras experiencias, anhelos, miedos... con otras personas; y sabiendo que ningún tiempo es perdido, si en su transcurso nos sentimos más vivos que nunca.

"El barón rampante"

    

 Siendo esta mi primera entrada del blog, me parece conveniente realizar la crítica acerca de una de las mejores obras literarias, reflejo del Romanticismo, "El barón rampante". Esta novela, de Italo Calvino, comienza metiéndonos en la historia de Cosimo di Rondò, barón de un cierto lugar denominado Ombrosa (cuyo paradero se desconoce, pero especificándose posteriormente su situación en Italia); que, como símbolo de rebeldía, se sube a la copa de un árbol; y no vuelve a bajarse jamás, ni incluso cuando le acecha su muerte. El chico pasa toda su vida viviendo entre los árboles: allí, crece como persona, tanto física como psicológicamente; aprende lecciones, cosas nuevas cada día; conoce el amor, la amistad... Y, sobre todo, expresa sus ideales, tan rebeldes como liberales, que aspiran a un mundo igualitario, una sociedad universal en la que todas las personas posean los mismos derechos, y sean libres, en la más absoluta plenitud de la palabra.

     Siguiendo la anterior descripción de Cósimo, podemos identificarlo como el personaje "típico" del Romanticismo: un joven liberal, rebelde, que lucha por sus ideales individualistas, libres y justos; cuyo acto de rebeldía anima a la sociedad a unirse a su causa, y desea esparcir sus ideas más allá de las fronteras. De hecho, podemos observar cómo el mismo barón redacta su propia Constitución, y escribe cartas a filósofos y pensadores ilustrados significativos (véanse Diderot, Rousseau, Voltaire...), estableciendo charlas con personajes de la Revolución Francesa, llegando hasta el mismísimo Napoleón Bonaparte.

    Podría decirse que lo que comenzó como una "simple rabieta de niño", acabó convirtiéndose en un gran acto de rebeldía ante la inconformidad que la sociedad presenta hacia el absolutismo monárquico y la falta de libertad y desigualdad social, características de los siglos XVIII-XIX. No obstante, este punto crítico de la historia no se alcanza hasta, aproximadamente la segunda mitad de la novela, pues anteriormente se narran las aventuras del joven Cosimo; las hazañas realizadas en los árboles, las relaciones interpersonales del protagonista con los demás personajes, y su proceso evolutivo emocional; dejando en un segundo plano la verdadera trama de la historia.

    Un elemento a destacar son las descripciones de los personajes que realiza el autor. Éstas siempre son redactadas de forma enigmática, utilizando metáforas que nos permiten conocer aún más a los personajes que aparecen en la narración. Por ejemplo, podemos ver como el carácter de un personaje tan trivial como es el Caballero Abogado, Enea Silvio Carrega, queda reflejado en las actividades que realiza (e.j: apicultura), que plasman la soledad y la nostalgia de lo perdido, de un amor que ya se fue, y de un tiempo pasado que nunca volverá.

    También se nos relata cómo Cosimo conoce a su primer y verdadero amor, Viola, por la que cumple su promesa de permanecer en los árboles (además del motivo rebelde referido anteriormente). En su posterior reencuentro tras ese largo período temporal, se da cuenta cómo fue ella aquello que anhelaba, e intenta complacerla, pero esto nunca parece ser suficiente. La verdadera intríngulis del asunto, resulta ser que el joven no comprende la expresión del amor de Viola, que hace sufrir al protagonista para tan sólo demostrarle que es así lo mucho que lo quiere. Este desengaño provoca la huída de la chica, que deja solitario a Cosimo y lo hace enloquecer.

     Podría continuar comentando diferentes aspectos de esta gran obra literaria durante horas, pero creo que en una simple entrada de blog no podría llegar a encerrarlos todos.

     Personalmente, encuentro esta gran novela de Italo Calvino una de las mejores expresiones de lo que fue la desigualdad social y la rebelión consecuentes de las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX. Al principio, reconozco que me resultó un libro bastante complejo, y pensé: "menudo peñazo me ha tocado leer"; pero conforme fue evolucionando la historia, fue gustándome cada vez un poco más, hasta llegar al punto de engatusarme por completo y querer saber más acerca de la vida de aquel peculiar hombre que habitaba en los árboles. Sin lugar a dudas, este es uno de los mejores libros que he llegado a tener en mis manos durante mi corta (pero intensa) experiencia como lectora; y agradezco a mi profesora de Lengua y Literatura el habérmelo mostrado y recomendado. Este libro me ha enseñado que no se debe juzgar a ninguno por su portada, y que hay que continuar leyendo hasta el final para poder realizar una adecuada apreciación. Y, sobre todo, que no siempre lo actual es mejor, pues este clásico de la literatura contemporánea del siglo XX, el que me ha inspirado a crear este blog y compartir mis experiencias literarias con todos vosotros.