El libro de mi infancia (y, sin lugar a dudas, mi favorito). Sí, a pesar de que esta novela tiene un argumento bastante complejo para la mente inocente de una chica de unos once años, fue por aquella época cuando me lo leí por primera vez. En años posteriores me lo releí un par de veces más; pero no fue hasta hace poco menos de dos meses cuando le dí otro repaso y pude comprender todo lo que Michael Ende nos quiso enseñar con este gran libro de su cosecha.
Momo: la chica solitaria, sin allegados, que vive bajo el anfiteatro. Momo: soñadora, rebosante de imaginación. Momo: alegre, risueña, inocente. Momo: amiga de todos. ¡Quién fuera tan feliz como ella! Esta novela nos narra la historia de la pequeña, cuya vida se ve interrumpida por la misteriosa y espeluznante aparición de los hombres grises, que invaden la ciudad, absorbiendo a los adultos (y a los no tan adultos); convirtiéndolos en seres sin ilusiones, mecánicos, que viven por y para trabajar y ser prácticos; dejando de lado sus pequeños quehaceres diarios, sus pasiones, y todo aquello que hace del día a día algo bonito.
Pero... ¿Es ésta novela una simple narración, o encierra un significado más profundo en cada una de sus páginas? Su escritor, el gran Ende, nos hace ver a través de esta historia "ficticia" (¿realmente lo es?) cómo el tiempo es el bien más preciado que poseemos, y que debemos cuidarlo y aprovecharlo; pero no significando ésto el tener que olvidar los propios placeres que nos hacen ser verdaderamente felices. Podemos observar como, con el transcurso de la historia, todos y cada uno de los personajes se van convirtiendo en personas cada vez más tristes, pues ya nunca tienen tiempo para hacer lo que realmente les gusta, y es esa ambición y obsesión por aprovechar el tiempo lo que les impide disfrutar de la vida.
A mi parecer, el libro en sí es una gran metáfora; que no expresa más que el reflejo de una sociedad que vive por y para el provecho de su existencia, de sí mismos, dejando a un lado las pequeñas acciones que contribuyen a la felicidad individual. ¿No es esta situación la presente actualmente? En mi opinión, el autor quería hacernos ver cómo el ansia por ser prácticos y seres útiles y funcionales, no ocasiona más que la propia destrucción de la felicidad. ¿Dónde queda, pues, el placer de un lector al sumergirse en las páginas de su libro favorito, el de un pintor al dibujar en un lienzo...? ¿Es eso tiempo perdido, o es el tiempo mejor empleado? Estas son, básicamente, las cuestiones que se nos plantean en la novela de Ende.
Es, por tanto, una ilustre moraleja la que se nos enseña en esta lectura juvenil (y no tan juvenil), base para nuestras vidas: el no dejarnos absorber o engatusar por la codicia, la ambición, la fama, el materialismo... Y seguir realizando las acciones que, por muy pequeñas e insignificantes que resulten, nos hacen felices; siendo escuchados y sabiendo escuchar; compartiendo nuestras experiencias, anhelos, miedos... con otras personas; y sabiendo que ningún tiempo es perdido, si en su transcurso nos sentimos más vivos que nunca.